A medida que nuestra práctica de meditación se vuelve más profunda, quedamos cada vez menos atrapados en las palabras. Al ser capaces de practicar en silencio, somos libres como un pájaro, permanecemos en contacto con la esencia de las cosas. Para hablar conscientemente debemos a veces practicar el silencio. En los momentos de silencio podemos observar con profundidad. Si escuchamos a través del silencio de nuestra mente, cada cantó de pájaro y cada silbido del viento entre los pinos nos hablará. 
THICH NHAT HANH

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Parrafo tomado del libro: RELATOS DE AMORES CLANDESTINOS. Por: Christian Schneider A.