Cuento: LA CONCIENCIA CREADORA - Por: Carlos Alberto Gómez Acuña
CUENTO
LA CONCIENCIA CREADORA
Por: Carlos Alberto Gómez Acuña
EL ALEPH (א)
“La
literatura ha adoptado el concepto de Aleph para representar el [todo[, Btodo
el tiempo y todo el espacio, todos los eventos al mismo tiempo, sin pasado,
presente ni futuro distinguibles (El Aleph, JL orges).”
Desde
hacía un tiempo todo era confusión. Quería que su vida fuera distinta, pero por
más que lo intentaba, no lograba dar un giro a la situación. Su vida era una
insignificancia, ausente de cualquier vestigio de prosperidad, pero tenía la
esperanza de que algo se pudiera hacer; lo que no sabía era qué.
Se
llamaba Ricardo Giovanelli; vivía en Buenos Aires en un barrio de clase media;
46 años de vida, con marcado fanatismo como hincha de su equipo, el Boca
Juniors. De religión católica pero no practicante. Oficinista con el cargo de
contador en una pequeña empresa de distribución de textiles. Con ideas
políticas de centro izquierda, más bien neutral, pero con tendencia a la
crítica soterrada. De hablar suave y pausado, casi escondido detrás de unas
gruesas gafas de carey y un semblante más bien pusilánime, como si quisiera
pasar desapercibido e incógnito, pretendiendo no sobresalir para no quedar en
evidencia y sentir la vergüenza de saberse muy poca cosa. Cumplía semanalmente
a cabalidad, el ritual de pasar por la tienda de la esquina para adquirir la
Lotería de la Provincia de Buenos Aires, pues añoraba el éxito y la riqueza,
pero esos eran ámbitos escurridizos para él, cual manjares montados sobre una
gigantesca alacena inalcanzable. En general, la suya era una vida pincelada de
gris, con nubladas visiones de un futuro triste y predecible.
A
veces rezaba en silencio, procurando tener el suficiente fervor para ser
escuchado por las huestes celestiales, pero de nada le servía. Consideraba que
algo andaba mal con él. Alguna vez una persona religiosa le había dicho que el
problema era la falta de fe, y sin ello, ni Dios ni nadie podría ayudarle.
Cavilaba una y otra vez sobre el tema, esperando encontrar una respuesta.
Fe…
qué palabra tan insignificante, solo dos infelices letras, pero qué complejidad
enorme y qué insondable misterio encerraban esas dos letras.
Un
día le contaron que alguien había encontrado el camino de la fe a través de la
oración y ahora era feliz. Esa persona detentaba una buena salud, tenía una
familia preciosa y era próspero en sus asuntos económicos. Le contaron que esa
persona por fin había sido escuchado por Dios, dada su fe ciega en él, y sus
alabanzas habían llegado a oídos de Dios y por tanto ahora merecía su
beneficio.
Cavilaba
al respecto y no podía aceptar que la relación con el Ser Supremo pudiera ser
la de un intercambio de intereses, casi de
tipo comercial y quedara resumida en una especie de transacción
comercial monetaria. Creía que había algo más de fondo en este asunto y no que fuera algo tan
simple y mercantil.
Pasó
el tiempo y su vida continuaba siendo incierta y mediocre. A veces le iba bien
y otras mal; a veces llegaban las épocas buenas, pero nunca faltaban las vacas flacas. Su salud relativamente buena,
no dejaba de tener inconvenientes de vez en cuando y vivía con el recóndito
temor de algún día llegar a contraer alguna enfermedad terrible, como tantos
casos relatados por amigos y conocidos, en largas y detalladas conversaciones,
con minuciosas descripciones de aquellas terribles tragedias que llenaban su
mente de temores, bien imaginarios o
bien reales. En su hipocondría, ya conocía a fondo todos los tipos de cánceres
y graves enfermedades que eventualmente podría padecer, de no tener extremo
cuidado con su salud, pues estaba seguro de que un descuido lo pagaría con
creces.
Y
qué decir de la felicidad, estaba convencido que esta dependía de todo lo
externo a él; creía que la felicidad era un ámbito escurridizo que a veces
aparecía, para luego, sin previo aviso, desaparecer, como si fuera un castigo
por haber intentado ser feliz. Suponía que la felicidad era algo incierto, que
a veces llegaba y otras no, y no dependía de su accionar. La felicidad parecía
ser un asunto que quizás solo dependía del beneplácito ofrecido por aquel ser
Supremo, siempre y cuando uno fuera muy devoto.
¿Sería
cierto esto? No podía responder con certeza, pero la duda estaba presente en su
corazón. Dios no podía ser tan impositivo, cual ser humano inestable y
emocional.
Su
vida definitivamente era gris. Un empleo mal pagado, un desempeño anodino y un
futuro incierto, sin ninguna perspectiva
de alcanzar logros satisfactorios y por tanto, su visión del futuro era
desolada. Pero no se conformaba…
Un
día le llegó la noticia de que un amigo muy cercano se había suicidado. Esto lo
marcó con fuego y la angustia se apoderó de su corazón. Aquel hombre era un
espejo exacto y calcado de su propia vida, y seguramente, ese era el destino
que le esperaba a él también. Aquel hombre había tenido una vida como la suya,
cubierta de oscuros nubarrones, con deprimentes talanqueras en cada
emprendimiento que intentaba y que hacía incierto su futuro. Una oscura
perspectiva de vida, con una cotidianidad ensombrecida por esa asfixiante
rutina, que lo había llevado al suicidio.
Golpeado
y nervioso, juró para sí mismo encontrar una respuesta y se lo propuso.
Recientemente
alguien le había comentado de un personaje muy sabio que podría responder a su
inquietud. Después de muchas peripecias por fin consiguió al hombre sabio y
pudo concertar una cita con él.
Después
del preámbulo, con las respectivas presentaciones, comenzó la entrevista con el
Hombre Sabio:
—He
pensado mucho sobre esta reunión con usted —dijo Ricardo— y lo primero que
quiero preguntarle es algo que me ha parecido en extremo complejo ¿Usted cree
que Dios existe? Pero antes que me
responda quiero comentarle que mi vida
ha sido una búsqueda constante de la prosperidad y la felicidad, pero estas han
sido totalmente esquivas. Incluso he rezado buscando una ayuda o una respuesta
y nada… Hasta he dudado de la existencia de Dios. Entonces le repito mi pregunta ¿Usted cree
que Dios existe?
El
Hombre Sabio guardó silencio un momento para organizar su mente y al cabo de
unos segundos respondió:
—Claro
que Dios existe… Pero tanto la pregunta como la respuesta no son tan simples y
se requiere ampliar nuestro entendimiento.
A
Dios lo concibo como la Fuente de la Existencia… Entiendo a Dios como el origen
y principio de la existencia, y es una realidad… Es, repito, la Fuente y principio de todo lo
existente…
Pero
viene un problema con la palabra “Dios”… Es un problema de significado… Es una
palabra que ha sido utilizada para muchos distintos intereses y muchos
diferentes significados, incluso en muchos casos, se ha distorsionando el
concepto de lo que significa el ámbito de lo divino.
Y
continuó:
Dios
es más una Conciencia Trascendente y Universal… Una totalidad holográfica, y
nosotros somos partes integrantes de esa holografía; somos copias exactas de
esa holografía, de esa Conciencia Trascendente.
Ahora
bien, como parte integrante de esa Totalidad, Tú puedes decir:
“Yo
soy la Conciencia Trascendente… Yo soy el Aleph… Yo soy la Totalidad… Yo soy el
Verbo… y antes de la existencia, en el ámbito de la nada, Yo ya existía”.
Te lo voy a explicar de la mejor forma
posible:
Antes
de la nada, no había nada… y la nada era el vacío, y ese vacío era el Todo… Era
la totalidad de lo existente, pero en potencia, y sin existencia manifiesta
aún… esa totalidad tendría que esperar hasta que un día, después de un gran
acontecimiento espectacular, pudiera comenzar a manifestarse, y poder
realizarse en el mundo de las formas.
Incluso,
después de muchos siglos, escribieron en un libro que considerarían sagrado, un
párrafo inicial que decía:
“E
n e l
p r i n c i p i o e r a e l
V e r b o, y e l
V e r b o e r a c o n D i o s, y e
l V e r b o e r a
D i o s “ Juan 1:1-14.
Pero
con ello comenzaron a tergiversarlo todo y a hacer complicado lo que no tenía
nada de complicado…
Y
seguía:
—Era
necesario complicarlo todo para que la gente no entendiera, y así sería más
fácil manipularlos…
El
Verbo no era una palabra; ni siquiera un sonido, ni tampoco un alguien. El
Verbo era la manifestación de la Totalidad… la Totalidad emanada de la
Conciencia Total Universal, que era el significado profundo de El Verbo.
El
Verbo era la Conciencia misma, y la Conciencia éramos tú, yo, todos los demás y todo lo existente,
y La Conciencia era el mismo Gran Espíritu del cual hablaban los indígenas
americanos, quienes sí habían entendido lo simple, y a quienes nunca, las
gentes del común pusieron atención.
Y
continuaba:
—El
Verbo, como Conciencia Total Universal,
significaba el origen de todo lo manifestado y lo in-manifestado…
El
Verbo era la Conciencia siempre viva, pura, sin tiempo, ni pasado, ni presente,
ni futuro; sin juicios, ni calificaciones, porque en el origen no existía nadie
que pudiera juzgar y calificar, y menos con el tipo de juicio que emanaría de
un ser con características emocionales humanas, como las que los seres humanos,
en su infinita ignorancia, le atribuían
a un Dios.
La
Conciencia Total Universal, en su perfección absoluta, no podía juzgar, no lo
necesitaba; nunca emitía juicios, pues como origen creador de la perfección
total, todo lo consideraba perfecto y todo era perfecto, así algunos, -la gran
mayoría, no entendieran este concepto.
La
Conciencia Total Universal, sería el punto de origen in-manifestado, sin
solidez ni materialidad, pero existiendo desde la eternidad, como génesis de la
totalidad de lo existente…
Desde
siempre esa Conciencia Total Universal, había sido inmanente; tenía su
finalidad, origen y destino, dentro de sí misma, y se manifestaba en los ámbitos
de la eternidad y la infinitud.
—Al
principio, —repito— antes de la existencia de todo lo existente, el Todo era el
Verbo… la Conciencia. Un Todo en
potencia; en potencia de ser todo a la vez, pero no manifestado aún; algo así
como un potencial de existencia dentro de un mar de posibilidades eternas e
infinitas, pero en estado de reposo.
Luego,
hubo un colosal destello como jamás se volvería a observar; y en una fracción
infinitesimal de tiempo cósmico, todo fue creado. (A este fenómeno, los
estudiosos de la Cosmología le llamarían la “Inflación del Universo”).
Era
la creación emanada de esa Conciencia total Universal. Y de una parte muy
pequeña, dentro de ese inmenso número de posibilidades, surgió la Totalidad
como algo concreto, palpable y manifestado en una realidad sólida.
Y
así fue como, a partir de ahí, se manifestó todo lo existente, lo visible, lo
palpable y real, incluido también lo irreal, lo fantástico, y lo que aún no se
manifestaba, pero que algún día se manifestaría.
Y
simultáneamente, al producirse la creación de todo lo existente, surgieron
los seres, (humanos, animales,
vegetales, etc.), como proyecciones de esa ancestral Conciencia; y esos seres,
también venían con su herencia trascendente; una Conciencia heredada, como un
aspecto Individual y colectivo de la Conciencia Total Universal, eterna e
infinita.
Tanto
los seres animados como inanimados, eran partes totales y completas de una
holografía, es decir, partes
holográficas de una totalidad, de un Aleph, donde cada parte individual era una
copia idéntica de la Totalidad.
Y
por ende había surgido la razón, la
inteligencia y la probabilidad de coocrear la realidad y la materialidad, por
parte de esos seres con Conciencia.
Tenían
la capacidad y el poder plenipotenciario de crear esa realidad, y como
derivación y consecuencia de esa potencialidad creativa, mucho después surgió
la dualidad: El amor y el miedo. Una dicotomía contradictoria y desagradable,
pero necesaria… Había que experimentar; era imperativo hacerlo, para justificar
la existencia de la totalidad, del Aleph; y esa totalidad, tendría que contener
también a los opuestos: lo coherente y
lo incoherente, lo real y lo ficticio, lo bueno y lo malo, lo racional y lo
absurdo, lo existente y lo inexistente…
Entonces
fue cuando apareció el amor… el amor en todas sus formas… el amor absoluto, el
amor correspondido, el amor no correspondido, el amor verdadero, el amor sutil,
el amor fugaz, el amor físico, el amor romántico, en fin, el amor con todos sus
aspectos y manifestaciones; y con ello, simultáneamente, surgió el miedo, la
frustración, los celos, el rencor, el odio, la maldad y todas sus derivaciones.
Y
en medio de todo, de forma inherente a la creación, había aparecido el tiempo;
el tiempo como un reflejo de una irrealidad subyacente a esa realidad
existente… y surgieron los finales, las terminaciones, el fin de las historias
conocidas y desconocidas y los comienzos… y la razón trajo como consecuencia la
necesidad de explicar lo que sucedía en el ahora, fragmentándolo en momentos,
con inicios y finales y con una secuencia ordenada de instantes pasados,
presentes y futuros…
Y
entonces surgió el concepto de la muerte… pero esto era una simple invención
teatral de los seres, para intentar calificar de la forma más concreta, el paso
de un capítulo a otro en las diferentes dimensiones de la realidad… Un paso sin
mayor importancia, pero que parecería mortificante, e imaginaron la muerte como
dolorosa y desgarradora, y sintieron miedo... y el miedo se quedó con ellos…
Y
luego apareció la necesidad de registrar todo lo sucedido, con el fin de resguardar el conocimiento y fue cuando surgieron los hombres y las
mujeres sensibles e inteligentes, y poco a poco fueron emergiendo los
escritores, los poetas, los narradores y los cronistas, y luego aparecieron los
filósofos, los pensadores, y los ensayistas, y a partir de su creación,
nació la literatura, con las novelas,
los cuentos, los poemas, las narraciones, las crónicas, y surgió el teatro con
las comedias y las tragedias, como una forma de expresar el alma humana; y en
contraposición, para equilibrar tanta virtud, aparecieron los políticos, que
inventaban cuentos tergiversados para tratar de dominar a los demás a través de
la utilización del miedo, justamente aprovechando el miedo que había
permanecido con aquellos… Pero en el trasfondo, la perfección de la creación
continuaría reinando y desarrollándose, y sería la bendición final para la
instauración del Todo, del Aleph.
—Aun
no entiendo muy bien —dijo Ricardo— pero entonces, en resumen ¿quién es Dios?
—Visto
desde otro ángulo —respondió El Hombre Sabio— Dios es el principio creador.
Dios es la Conciencia creadora de todo lo existente. La Conciencia creadora de
otras Conciencias creadoras… Creadora de Millones de Conciencias creadoras en
el ámbito Universal…
—
¿Y quiénes son esas Conciencias creadoras? ¿Dónde están esas Conciencias
creadoras?
Y
el Hombre Sabio respondió:
—Justamente
tengo una frente a mí… Tú… Tú eres una de esas millones de Conciencias
creadoras emanadas de la Fuente creadora o si quieres llamarlo Dios, es tu
decisión. Yo prefiero una expresión más comprensible… “La Conciencia Fuente de
la toda Creación”.
—Pero,
si Dios es La Conciencia creadora Fuente y nosotros somos Conciencias
creadoras, entonces ¿podría decirse también que somos Dioses creadores?
—Si
lo quieres entender de esa forma, sí… Se podría decir que todos somos Dioses,
como Conciencias creadoras que somos.
Ricardo
insistió en su punto de vista:
—Pero,
es que yo no me siento Dios ni Conciencia creadora y por cierto, ni siquiera logro
manejar mi vida y mis asuntos, menos voy a considerarme una Conciencia
Creadora. En mi caso, más bien sería una Conciencia creadora de lo malo que me
ha pasado en mi vida.
—Justamente
es así como lo dices —dijo El Hombre Sabio— Tu eres el creador de todo lo malo
que pasa en tu vida, ha sido tu decisión así no te lo hayas propuesto, pero
realmente tú eres el único creador de tu realidad y de las circunstancias que
rodean y adornan o dificultan esa realidad. Jamás puedes echarle la culpa de tu
situación actual, a nada ni nadie diferente a ti mismo.
—No
lo puedo creer, ¿Yo soy quien ha creado lo que estoy experimentando y
lamentando en esta vida?
—Si
—respondió el Hombre Sabio— Es exactamente como lo estás diciendo. Esa es la
única verdad en este plano existencial.
Así
mismo, tú serás el creador de un cambio en tu vida y un generador de todo lo
nuevo que deseas vivir y experimentar en adelante. Tú eres la Luz de la
Conciencia Creadora, brillando en tu interior, pero debes comenzar por entender
estas ideas y comenzar por construir la fe en ti mismo.
—Y
no hay más que hablar— continuaba el Hombre Sabio— Ya todo está dicho. Ahora vete y comienza a
construir una vida de prosperidad y felicidad, pero el trabajo es todo
tuyo. Ah y si quieres rezar, claro que puedes
hacerlo, pero reza para adentro. Ahí está aquella Luz Interior, la Luz de tu
Conciencia, que es tu propia divinidad.
—Pero,
un momento, ¿Cómo lo hago? ¿Cómo comienzo a construir una vida de prosperidad y
felicidad?
—Comienza
por entender de una buena vez quién realmente eres —respondió el Hombre Sabio—
Y a partir de ahí puedes comenzar a desarrollar la confianza en ti mismo, en tu
poder creador, en tu real capacidad para moldear tu vida a tu antojo; pero
tienes que comenzar por creerlo. Es un desaprender muchas cosas, desmontando
los programas mentales que te han inculcado desde siempre y reprogramar tu
mente subconsciente con certezas acerca de la capacidad que tienes— Dijo el
Hombre Sabio, levantándose de su silla para despedirse.
—Ok,
Muchas gracias, creo que ya lo tengo claro.
Y
diciendo esto Ricardo se despidió del Hombre Sabio, agradeciéndole la
enseñanza.
FIN
Carlos
Alberto Gómez Acuña.

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