Cuento: UN DESAFORTUNADO INCIDENTE. Por. Carlos Alberto Gómez Acuña


Un cuento corto:

UN  DESAFORTUNADO  INCIDENTE
Por: Carlos Alberto Gómez Acuña


Muchos años después... aún la recordaba...

Había llegado en viaje de negocios a ese país sureño, a una tórrida y desértica ciudad costera y esa noche estaba ahí, acalorado, con una sed pegajosa en la garganta y una humedad pestilente mojando mi sudoroso atuendo, departiendo y bebiendo, junto a los probables asociados, y había concluido el día con la misión cumplida.  

Luego, los vasos iban y venían, había mucho vodka, mucho, tal vez demasiado…
Hasta donde me han llegado los recuerdos, aparecieron unas  muchachas y se sentaron en nuestra mesa, a mi lado una morena, no recuerdo sus facciones, ni su nombre.

Y se fue cerrando el ambiente, se fue nublando la mente, oscureciendo el entorno y desapareciendo. Luego la oscuridad total, una profunda entrada en el vacío, en la nada…

Un tiempo después, no sé cuánto…

Un ruido lejano, un ruido de agua cayendo. En medio de la parcial oscuridad, no lograba despejar mi mente para determinar que sucedía, no era lluvia; lentamente fui abriendo los ojos, era un lugar decrépito de sueños, con la ruina de la escasez pegada en las paredes, con los olores de la podredumbre dejada por lo que se había descompuesto desde hacía mucho tiempo, las paredes descascaradas  y salpicadas de mugres ancestrales, con olores y colores indefinibles, no solo por la opacidad del sitio, sino por la suciedad acumulada que ambientaba el rancio lugar, mortecino y decadente; era un vetusto hotel donde se adivinaba la mala energía de la tristeza y el fracaso.

Un rayo de luz entreabierto en la rendija, me mostró una figura desnuda en una ducha precaria… una mujer morena, distraída y concentrada en su aseo… y entendí lo que pasaba.
Mi celular aún en el bolsillo, miré la hora: eran las 5:15 am.

Palpé mi cuerpo y sentí la seguridad de mi ropa puesta… el caso no había pasado a mayores y para mayor alivio, aún tenía puestos mis zapatos.

Me incorporé lentamente en la penumbra; cómo me dolía la cabeza, cómo sentía reseca  y pastosa mi boca y mi  garganta.
Hurgué en mi bolsillo y revisé mi billetera…  ni un billete… no podía  ser... En la noche, al llegar a la taberna,  tenía en mi poder $ 350 dólares, que había sacado de la cajilla de seguridad y recordé que yo era el invitado de honor y no me habían dejado gastar nada.

Miré a mi alrededor, había un bolso en el piso; supuse que era de la chica de la ducha. Instintivamente lo abrí y revise su interior. Encontré justo $ 350 dólares y otros billetes (pesos), en la moneda de ese país. En medio del mareo y la oscuridad, cogí con rabia, de un manotazo lo que había  y salí subrepticio hacia la oscuridad de la madrugada, hacia la protección que brindaba la distancia, tomé un taxi camino a mi hotel... el lujoso hotel donde se encontraba mi vida, mi comodidad, mi verdadera identidad y mi verdadera historia.

Esto que había pasado, solo había sido un fugaz percance, pero ahora, nada tenía que ver conmigo.

Incómodo y molesto por la desagradable situación experimentada, ya en mi habitación, me introduje vestido en la ducha y abrí la llave, como si quisiera quitarme de encima toda la fastidiosa situación a punta de agua, lavando incluso mis ropas.

Luego, ya más calmado, revise el fajo de billetes y encontré que había tomado los $ 350 dólares que me pertenecían y otros $50.000 pesos que no eran míos… había salido robando a la muchacha.

Arrepentido, pensé que quizás ese dinero le hubiera servido más a la chica, y eso me dolió; no era mi intención, ni siquiera sabía su nombre, ni recordaba sus facciones y me sentí mal; era un ser humano con necesidades.

En la noche, tomé el vuelo de regreso, a mi país, a mi vida, a mi mundo y al olvido… Aquel solo había sido un desafortunado incidente de la vida… sin embargo, para aquella chica, quizás su vida toda fuera una muy triste experiencia.

Han pasado muchos años desde entonces... aún recuerdo a la chica de la ducha de aquella madrugada... no tengo presente su semblante y nunca supe su nombre... pero aún la recuerdo...      


FIN



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