Párrafo del capítulo 17 - Novela: SOL DE MEDIANOCHE EN REIKIAVIK.
Párrafo del capítulo 17 de la novela:
SOL DE MEDIANOCHE EN REIKIAVIK
Por: Carlos Alberto Gómez Acuña
Año 1003 d/C.
Primeras expediciones vikingas a América:
(Helluland, Markland y Vinland).
Helluland (Tierra de piedras planas). Hoy
Isla de Baffin en Canadá.
Algunos meses después, de un viaje sin
mayores contratiempos, la nueva expedición había llegado a una tierra
inhóspita, sin signos de habitantes ni vida
inteligente a la vista. Era rocosa hasta el cansancio, con piedras
descoloridas, en diferentes tonos de grises, marrones y negros, con apariencia
de lajas, inclinadas unas y verticales otras, en acantilados de alturas
imposibles y negros arenales cubiertos de nieve y hielo.
A lo lejos se observaban grandes cadenas de
montañas rocosas, coronadas por nieves perpetuas, con profundos precipicios y
mortales desfiladeros, y en lo alto, afiladas puntas hirientes, como si fuera
el arsenal de los Dioses Vikingos.
Un ambiente desolado, casi lúgubre y brumoso,
que se mostraba con dificultad entre nubes rasantes, que habían caído del
cielo, tal vez por el intenso frío del cercano invierno.
Conocían de ambientes hostiles por su
familiaridad con Groenlandia, pero aquello era mucho más árido y desolado.
Una tierra yerma, sin vida forestal
alguna, ni fauna suficiente, excepto por algunos solitarios osos polares que se
veían en las orillas pedregosas de aquel cadavérico paraje.
Sin embargo, al desolado ambiente se le
agregaba la belleza inhóspita, la maravilla árida de aquellas cumbres
inalcanzables y paredes verticales que invitaban a escalar, arriesgando la vida
por el solo hecho de acercarse a la casa de los Dioses, y sentir en la piel, la
sin igual belleza de aquella naturaleza insólita y trágicamente hermosa.
Si bien, procedían de Islandia, pues casi
todos aquellos marinos eran nativos de aquel país Vikingo, para este viaje de
exploración a tan lejanas y desconocidas tierras, en realidad habían partido
desde su recién colonizada Groenlandia, donde habitaban y tenían su hogar ahora.
Por lo menos ya sabían con antelación, hacia
donde se habían dirigido, a diferencia del primer accidentado viaje de Bjarni
Herjólfsson, en el cual, desorientado, en medio de una fuerte tormenta, por
casualidad había llegado a esta región desconocida al oeste de Groenlandia.
En esta ocasión, Leif Eiricksson ya tenía conocimiento de lo que le esperaba
viajando hacia occidente.
Carlos Alberto Gómez Acuña.

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